sábado, 13 de diciembre de 2014

Amor incondicional, superar el sentimentalismo


Amor incondicional, superar el sentimentalismo

Dar-recibir          Tomar-pedir

¿Qué se necesita para lograr un equilibrio sano?

Cómo vivir una de las experiencias más importantes del ser humano
  • Amor incondicional
Virginia Satir, terapeuta familiar y escritora norteamericana, escribió acerca del amor incondicional un pequeño y profundo poema:
"Te quiero amar sin aferrarme, apreciarte sin juzgar, unirme a ti sin invadirte, invitarte sin exigir, abandonarte sin culpa, examinarte sin culpar y ayudarte sin insultar. Si puedo recibir lo mismo de ti, entonces podremos encontrarnos y enriquecernos de verdad".
Estas palabras impactan no sólo por su sencillez, sino también por el desafío que implican. Amar sin condiciones es el más extraordinario reto para los humanos.

Afectos condicionados
A la mayoría de personas se las educa desde pequeñas para lograr lo que quieren sea como sea. Esa actitud también influye en la manera en que se trata a los demás. Muchos suelen creer que los otros están al servicio de sus deseos. En los esquemas “consigue lo que necesitas”, “logra tus metas" o “alcanza tus ideales”, muchas veces se cae en el juego inconsciente de convertir a los demás en un medio para lograr un fin.
Emmanuel Kant (1724-1804), el filósofo alemán de la época moderna, tenía como lema de su vida “tratar a todo ser humano como un fin en sí mismo y nunca como un medio”. Esa es la premisa básica de una relación afectivamente sana.

¿Qué es el amor incondicional?
Simplemente, amar sin condiciones. Así de simple y complejo a la vez. El verdadero amor se da sin esperar nada a cambio.
Está tan maleado el sentido verdadero del amor que muchos suelen creer que éste sólo habita en una relación de reciprocidad. Sin embargo, eso no es un absoluto. El amor por definición se entrega sin esperar retribución. Al contrario, cuando se da a la espera de recibir algo o lo mismo a cambio, el amor deja de ser tal y se convierte en un trueque: tú me das y yo te doy, y si no me das no recibes nada.

Cine y amor romántico
Probablemente, uno de los componentes culturales más importantes del siglo XX que ha contribuido a configurar una idea errónea de las relaciones sea el cine. Con su romanticismo ha ido configurando un esquema equivocado del amor, convirtiéndolo no sólo en algo descartable, sino en un elemento que queda al arbitrio de los caprichos y de las necesidades (de la índole que sea) de los protagonistas.
Sin embargo, la industria fílmica de vez en cuando da sorpresas y presenta películas donde el amor se reivindica a sí mismo y deja esa pegajosa alquimia de sentimentalismos baratos y caprichos de adolescentes, para convertirse en serias reflexiones acerca del verdadero sentido de la vida.

Lejos de ella
Away From Her (traducida al español como Lejos de ella) es una película canadiense que se estrenó en el año 2007. Recibió dos nominaciones a los Oscar: mejor actriz para Julie Christie y mejor guión adaptado para Sarah Polley. Polley también dirigió la película, que es una adaptación de la novela The Bear Came Over the Mountains, escrita por Alice Munro.
Fiona (Julie Christie) y Grant (Gordon Pinsent), han vivido 50 años casados y han superado juntos momentos difíciles. En su vejez disfrutan de una convivencia tranquila en Ontario, Canadá. Sin embargo, esa estabilidad desaparece cuando ella comienza a sufrir pérdidas de memoria y descuidos frecuentes. Aquello es señal de que algo serio ocurre en su mente.
Con el fin de no cargar la vida de su esposo, Fiona insiste en ingresar a una institución. La vida de Grant, un ex-profesor universitario, se desestabiliza. Todo cambia de manera abrupta.
Poco a poco queda en evidencia que el Alzheimer que sufre Fiona no tiene vuelta atrás. Él se convierte en un sufriente espectador del deterioro mental de su esposa. Observa como poco a poco ella se va alejando de su vida. Sin embargo, él se mantiene a su lado.

Lealtad y compromiso
La historia es sobre la lealtad en el amor. Una forma de ver el amor no como un acto lleno de sentimentalismos, sino como una acción propia de la voluntad y de la decisión de amar pese a las circunstancias adversas. En ese caso, la enfermedad es la metáfora de fondo que permite entender que el amor es mucho más que sentimientos.
La película deja en evidencia que el amor verdadero es compromiso. El amor lo exige, es parte de su esencia. Ese es probablemente el mayor problema de hoy, de los sentimentalismos que no alcanzan a percibir que detrás de la nube de emociones con las cuales las personas se dejan impregnar, debe haber algo que permanezca en el tiempo, una realidad que trascienda la emoción y el sentimiento.
El amor, en su verdadera esencia y pureza. El amor marcado por el compromiso y la decisión, no simplemente por el vano sentir y gustar, expresiones propias de quienes se han dejado embaucar por lo efímero.

Gestos de generosidad
Siguiendo con la película que nos sirve de ejemplo, en ella aparece la figura de otro enfermo, al que Fiona se va acercando de una manera impresionante. Grant ve como su esposa se aleja de él mientras comienza, en su enfermedad, a amar a otro hombre. El momento crucial de la película es cuando él, por amor a ella, crea las condiciones para que ese hombre, llamado Aubrey (Michael Murphy), vuelva a la residencia de donde ha salido por problemas económicos, y de ese modo su esposa pueda ser feliz cuidándole.
Es una película sin estridencias ni disonancias, como debe ser el amor incondicional. Calmo en el compromiso y leal en la amistad duradera.

Desde las Constelaciones Familiares de Bert Hellinger




Autoestima y Asertividad



La Autoestima está relacionada con la confianza en uno mismo.
Existen necesidades reales y otras que no lo son aunque a veces así lo pensemos.
La Autoestima está relacionada con el amor incondicional hacia uno mismo.
La Autoestima orienta la acción hacia el logro de los objetivos y el bienestar general.

Nadie puede dar lo que carece y para enriquecer la propia fuente es necesario sentirnos merecedores de lo mejor; dar enriquece; tomar del otro, lo hace generoso, saber pedir y saber recibir fomentan la GRATITUD… y así, el amor crece y las relaciones perduran!!!

Otros conceptos de Autoestima, relacionados de alguna forma con los que ya hemos expuesto arriba, sugieren que:

·         Es el juicio que hago de mí mismo.
·         La sensación de que encajo y de que tengo mucho por dar y recibir.
·         La convicción de que con lo que soy basta para funcionar; que no tengo que incorporar nada nuevo a mi vida, sino reconocer aspectos de mí que no he concientizado, para luego integrarlos.
·         La reputación que tengo ante mí mismo.
·         Es una manera de vivir orientada hacia el bienestar, el equilibrio, la salud y el respeto por mis particularidades.

La Autoestima es siempre cuestión de grados y puede ser aumentada, ya que si lo vemos con cuidado, concluiremos que siempre es posible amarnos más, respetarnos más o estar más conscientes de nosotros y de la relación que tenemos con todo lo que nos rodea, sin llegar a caer en el narcisismo o egoísmo, que es cuando sólo podemos amarnos a nosotros mismos.

Sentir que algo falta en la vida, que no se está pleno y que se tienen ciertos sentimientos de los cuales no se puede explicar su procedencia, pueden tener respuesta en la propia familia, base de nuestra composición y a través de la cual vamos construyendo nuestra existencia.

Mediante las constelaciones familiares – método de intervención terapéutica creado por el filósofo alemán Bert Hellinger y que “se basa en el orden, el amor, el equilibrio entre el dar y el tomar y la reubicación de los vínculos” – es posible encontrar respuestas a esta aparente y constante inquietud que lleva a algunas personas a pasar mucho tiempo en una suerte de agujero de cuya existencia no tienen explicación.

Según esta teoría, ser parte de un sistema familiar significa entre otras cosas, tener claros desde la infancia ciertos valores y principios, los que generan en cada uno de nosotros el sentido de pertenencia a este núcleo. Esto en el caso de los niños, será fuente de amor incondicional hacia su sistema, sin importar cómo éste se desarrolle.

De esta manera, “todo aquello que no es habitual en nuestro entorno familiar o que es mal visto por los nuestros, nos generará miedo, desconfianza” o simplemente una difícil integración.

Por otro lado, el método enuncia que cualquier cosa que se reprima dentro de una familia, tenderá a “aflorar de nuevo en busca de orden”, entendiendo también a la represión como la forma de “enterrar” destinos difíciles que pudieron haber ocurrido en el pasado de la familia y que “han dejado huellas profundas” dentro de la información psíquica y del inconsciente colectivo del núcleo.

Estos sucesos dolorosos podrían trascender en el tiempo, “generando síntomas que se pondrían de manifiesto tarde o temprano en los más sensibles”, los que generalmente son hijos, nietos o descendientes de generaciones posteriores.

Las palabras de Bert Hellinger… “Quien se considera demasiado noble para enojarse, destruye la relación”, hablaba un poco de la importancia de establecer un equilibrio en nuestras relaciones…él partía de que debe existir una compensación regida por el amor y se diferencia solo en el caso de los padres que dan sin límites y de cuando en cuando ceden…

Es hermosa la capacidad de servicio en la que doy sin esperar recompensa…pero cabe preguntarse si en realidad servimos al otro…cuando le damos sin tomar en cuenta lo que esa persona desea …así nos vamos relacionando con este “falso amor”, el cual genera un profundo dolor, tanto para la persona que da (porque sentirá que su corazón se desgarra si ni siquiera recibe una muestra de afecto o sentirá que merece ser canonizado)… y también para la persona que recibe que se le van llenando las manos de regalos inútiles que solo le impiden su libre movilidad (y siente una gran culpabilidad de no tener las manos vacías para poder siquiera abrir algunos de estos regalos).

El verdadero amor trae un equilibrio entre el dar y el recibir…el amor no se da con la finalidad de “ganar el amor del otro” ni se rechaza porque “no soy lo suficientemente buena como para merecerlo”.
El amor siempre es un acto de reconocimiento… cuando encuentras a la persona que amas, un acto de reconocimiento antiguo nos reúne. Es como si millones de años antes de que la naturaleza abriera un circulo sagrado y de pronto en el amor se cierra y tenemos la seguridad que lo que hay de antiguo entre ambos nos cuidará, abrigará y unirá. Cuando dos personas se enamoran, pasan de la soledad del exilio a la casa única de su comunión. Se agradece al universo, a Dios el que esa persona apareciera por fin en nuestras vidas…cada una reconoce en la otra a aquella en la cual su corazón encontrará refugio. El amor jamás debe ser una carga, porque hay algo más entre ambos que la presencia mutua y uno de los grandes poderes del amor es el equilibrio, que nos ayuda a alcanzar la transfiguración. Cuando dos personas se unen, un círculo antiguo se cierra en torno de ellos. Asimismo, no llegan a la unión con las manos vacías, sino repletas de obsequios.

"Quien eres depende de tres factores: lo que heredaste, lo que tu entorno hizo de ti, y lo que tú has hecho de tu entorno y de tu herencia con tu libre elección".
Aldous Huxley

¿Te has preguntado alguna vez por qué te pasa lo que te pasa? ¿Cuáles son las fuerzas y motivaciones que te hacen actuar como actúas, sentir como sientes, pensar como piensas?
Sigmund Freud nombró el inconsciente como origen. Se lo podría imaginar como el centro de control automático. La investigación científica actual sobre el cerebro humano dice que el 98% de las actividades de nuestro cerebro son inconscientes. Esto nos da una idea de lo mucho que no sabemos. O de lo poco que sabemos.
Bert Hellinger descubrió que la instancia inconsciente en uno que vela sobre las relaciones con su familia, y de igual manera sobre su relación con otros grupos a los que pertenece, son las conciencias. Se puede distinguir la conciencia individual, la conciencia del grupo y la conciencia del colectivo entero que es la humanidad. La conciencia no es lo mismo que la moral o la ética, sino que funciona más bien como el sentido de equilibrio, que nos indica cuándo estamos en peligro de caer.
La conciencia nos indica cuándo nos alejamos del grupo, poniendo así en peligro nuestra pertenencia a él.



LA MUERTE Y LA VIDA, DOS CARAS DE UNA MONEDA

"La vida es una salida y la muerte una entrada.

Tres de cada diez son amigos de la vida.

Tres de cada diez son amigos de la muerte.

Tres también de cada diez son los que, mientras viven, se acercan a la muerte.

¿A qué se debe esto?

A que se aferran a la vida".

Lao Tse

¿QUÉ ES EL DESTINO?

"El corazón de aquél que ha comprendido que lo presente está en resonancia con lo pasado, tanto en lo bueno como en lo malo, late en sintonía con el mundo".

Bert Hellinger

Cada persona es concebida gracias a sus padres particulares, nace en el seno de su familia particular, vive una vicia particular. Su camino particular le ha conducido al lugar donde se encuentra.

Quizás haya tenido un recorrido agradable, o tal vez marcado por las dificultades y el dolor. Pero uno es quien es gracias a todo y a todos los que formaron su camino. Está viviendo su destino particular.

Es bastante común lamentarse de que hayan tocado estos padres y no otros, de que ocurriera esto o lo otro, etc. Detrás de esta queja se esconde el deseo de tener un pasado distinto, como si de esta manera uno pudiera ser más feliz de lo que es. Pero si algo hubiese sido diferente, ya no seríamos los mismos, seríamos otros. Son nuestra herencia, el entorno y nuestro camino recorrido, nuestras acciones y omisiones, las que en suma nos han hecho quienes somos. Todo ello forma nuestro destino. El destino particular incluye todo lo que nos ha pasado, y sus consecuencias para el presente y el futuro. Por regla general toda persona tiene la fuerza necesaria para sostener su destino, sea cual sea.

Crecemos y maduramos gracias a dos fuentes: una contiene todo lo que nos nutre y todo lo que nos dieron. La otra lo que se nos opone y lo que no recibimos. Gracias a que la vida está hecha así no andamos cojos. En las Constelaciones Familiares uno de los, principales actos sanadores es poder asentir a nuestro destino particular. Si eres feliz o si te sientes desdichado, da lo mismo; la vida sigue.

Mientras uno se pelea con su pasado está mirando atrás, lo que le quita fuerza para vivir plenamente su vida en el presente. Cuando aceptamos nuestra vida, tal como es y como ha sido, estamos en sintonía con nuestro destino. En esta aceptación nos fortalecemos en la vida. ¿A dónde nos llevará el destino? Hasta que llegue la muerte esto es una incógnita, pero errando aprendemos a aliarnos con nuestro destino, estando en sintonía con él, somos libres para lo que venga. Ésta es otra de esas bellas paradojas de nuestra existencia, que ganamos libertad de cara al presente y al futuro cuando aceptamos la vida tal y como es.

LAS CUATRO PIEDRAS ANGULARES DE UNA PAREJA

"¿Qué hace que unas parejas funcionen y otras no? ¿Qué da estabilidad a una relación y qué crea una crisis permanente? Básicamente son cuatro las piedras angulares que, en su conjunto, posibilitan la construcción del hogar. Si falta una de ellas o se encuentra debilitada, la casa es inestable; si faltan varias, es probable que la pareja no dure a largo plazo.

La primera piedra angular es el amor. En el enamoramiento se crea un primer vínculo entre dos personas que las impulsa a comenzar una relación. La consumación sexual sella este vínculo.

Después de un tiempo, uno se da cuenta de que el otro no es perfecto, de que tiene sus luces y sus sombras. Es un acto de amor aceptar al otro tal como es, a sus raíces familiares y también a su destino, que es distinto del propio. El compromiso matrimonial profundiza todavía más el vínculo. Lo contrario del amor no es el odio, que al igual que el amor mantiene el vínculo, sino la indiferencia, Es en la indiferencia donde muere el vínculo y el desinterés sexual lo debilita.

La segunda piedra angular es la presencia. Es la experiencia de caminar juntos. Si uno de los miembros de la pareja no está presente, el otro se siente solo, no visto. A veces uno sigue "enredado" en una anterior pareja y esto hace que no esté del todo libre y presente para su actual pareja.

También puede encontrarse inmerso en una dinámica de "mirar hacia atrás" y prestar más atención a su familia de origen que a su familia actual. Otro motivo de que uno de los miembros de la pareja esté ausente es la adicción al trabajo, al igual que cualquier otro tipo de adicción. Si la pareja se forma entre dos personas "ausentes", no se vive la falta de presencia como una dificultad aunque, visto desde fuera, pareciera que dicha pareja vive "vidas paralelas" que una vida en común.

La tercera piedra angular es la responsabilidad. Una pareja es una relación entre iguales. Cada uno debe asumir su parte de la responsabilidad respecto a la relación. De esta manera ambos la cuidan.

Cuando uno exige al otro que le dé lo que sus padres no le dieron, y se siente con derecho a ello, se coloca en una actitud infantil. De esta forma no se hace responsable de sus propias carencias y necesidades, cargando a su pareja con sus exigencias. De la misma manera, se crea una relación desigual cuando uno se siente responsable del otro, como si fuera su padre o su madre. A menudo estas dos actitudes se complementan, haciendo juego.

La cuarta piedra angular es el aprecio. Como aprecio al otro, también aprecio lo que me puede dar y lo acepto agradecido. Eso hace que me surja el impulso de devolverle algo mío, porque en el fondo me siento en deuda. Así se crea entre la pareja un intercambio rico, que la fortalece. Cuando no lo aprecio o lo desprecio — aunque le quiera — no me vale lo que me da, y por eso no siento la necesidad de devolverle algo mío. Se crea un desequilibrio entre el dar y el tomar que amenaza la continuidad de la pareja. Cuando los dos se desprecian, se produce un intercambio de descalificaciones, insultos, reproches,... Paradójicamente esto también fortalece la pareja, aunque se trate de un intercambio pobre.

El conjunto de estas cuatro piedras angulares hace que uno renuncie a las demás posibilidades de pareja en el mundo y a la fantasía de la felicidad perfecta. Esta renuncia es el tejado que protege el hogar. Como amo a mi pareja, la tomo como es. Como quiero estar presente, no voy a buscar otra relación. Mi responsabilidad por la continuidad de la pareja exige que me haga cargo de mis carencias personales. Y es finalmente el aprecio por mi pareja lo que me hace elegirla a ella. Porque así lo quiero”.

LA CONTABILIDAD EN LA PAREJA

"Cuando dos personas se unen, la felicidad consiste en que sumen y no resten".

Una pareja es un encuentro entre iguales. En consecuencia es necesario que los dos den y que los dos tomen, y es este intercambio lo que mantiene a la pareja viva y lo que le hace crecer y florecer.

Parece una obviedad, pero muchas parejas acaban separándose porque descuidan este aspecto fundamental.

Como quiero a mi mujer y aprecio lo que me aporta, me gusta ofrecerle algo que le haga sentirse bien. Ella lo recibe con gusto, y de allí le surge un impulso de darme algo. Lo recibo también con gusto y de nuevo me surge el impulso de ofrecerle otra cosa. Los dos estamos inmersos en una "dinámica de compensación".

Tenemos un sentido muy fino respecto al equilibrio en las relaciones humanas, un sentido que indica en cada momento la compensación adecuada. Cuando alguien piensa que ha recibido más de lo que ha dado, se siente en deuda con la otra persona y quiere devolverle algo. De esta forma se restablece el equilibrio y ambos se sienten bien. Pero este equilibrio no es estático, sino que está en permanente cambio, pues ambos interactúan continuamente. Cuanto más intercambien, más se nutrirá su relación y más se fortalecerá el vínculo que les une. De esta manera se crea un "intercambio rico".

Cuando un miembro de la pareja da mucho y el otro poco, o cuando una persona toma poco de lo dado por la otra, se crea un desequilibro que a la larga pudre los cimientos del matrimonio. Cuando finalmente se rompe la relación, a menudo es la persona que más ha recibido la que se marcha. Se siente tan en deuda con su pareja que ya no puede compensarle. Este malestar se manifiesta en una relación cada vez más crispada, hasta llegar a la ruptura.

Lo mismo ocurre cuando uno da mucho y recibe menos. Tal vez el que da mucho no sabe pedir o no muestra su necesidad, y con esto pone en peligro la relación. O no quiere tomar, que sería otro aspecto. También aquí se crea un desequilibrio que hace que el intercambio se atasque con el tiempo, y lo único que crece es la sensación de insatisfacción. Sea como sea, la responsabilidad es siempre de los dos, que han descuidado el equilibrio de su intercambio.

A veces una pareja se inicia en una situación desequilibrada. Por ejemplo cuando uno de ellos es rico y el otro pobre, el uno sano y el otro enfermo, el uno con hijos de la relación anterior y el otro no, cuando hay una considerable distancia de edad entre los dos, o cuando uno es de un país extranjero y sin raíces en el país en el que reside. Todo esto complica la relación y hay que tenerlo en cuenta.

Puede funcionar, y en muchos casos lo hace, pero segura-mente funciona mejor cuando los dos cuidan conscientemente estas diferencias, buscando un equilibrio. A veces la única forma de compensar una ventaja propia es reconocerla y dar las gracias de todo corazón a la pareja.

Además existe una forma de intercambio extraño en una pareja: lo llamo el "intercambio pobre".

También aquí se dan el uno al otro, pero son insultos, reproches, descalificaciones o broncas. Han perdido el aprecio mutuo, y por eso ya no les vale que el otro dé, y lo único que queda es un discurso turbio de reclamaciones. Paradójicamente este intercambio también fortalece el vínculo que les une.

Puede incluso que permanezcan así enzarzados durante toda su vida.

Lo opuesto al amor no es el odio, como se piensa generalmente, ya que tanto el uno como el otro mantienen vivo el intercambio y nutren el vínculo entre dos personas. Es en el desinterés hacia el otro donde se desvanece el vínculo y muere el amor.

 

En estos conceptos habita una sabiduría de vida que procura que prevalezca el ORDEN, EL EQUILIBRIO, LA PERTENENCIA, para que fluya el amor y la relación crezca y madure.

Concientizar estos principios es fundamental para la edificación de sanas relaciones y para preservar el vínculo… Despierta la conciencia, actuamos en consecuencia y el AMOR FLUYE!


 

viernes, 5 de diciembre de 2014

E X I S T E N C I A : VIDA Y MUERTE


Irvin Yalom  libro: Mirar al sol


"Enfrentar la muerte no significa desesperar y despojar a la vida de todo sentido. Por el contrario, puede ser una experiencia que nos haga despertar a una vida más plena. La tesis central es que aunque el hecho físico de la muerte nos destruye, la idea de la muerte nos salva".


Nelson Mandela

Nuestro miedo más profundo no es a ser inadecuados.
Nuestro miedo más profundo es que somos poderosos más allá de cualquier medida.
Es nuestra luz, no nuestra oscuridad lo que mas nos asusta.
Nos preguntamos a nosotros mismos.
¿Quién soy yo para ser brillante, hermoso, talentoso, fabuloso?
Realmente ¿Por qué podríamos no serlo?
Ser mediocres no le sirve al mundo.
No hay nada luminoso en encogerte para que los demás no se sientan inseguros cuando están ceca de vos.
Estamos hechos para brillar como lo hacen los chicos.
 Y en la medida en que nuestra luz brilla inconscientemente les damos a otras personas permiso para ser lo mismo.
Al liberarnos de nuestro miedo nuestra presencia libera a los otros de forma automática.


B. Kenny.
“El terapeuta trata a un cliente que dirige al terapeuta sobre cómo tratarlo”.



Sartre.
“No somos responsables por lo que hicieron de nosotros, pero podemos hacernos responsables por lo que hacemos con lo que hicieron con nosotros”


Pedro Aznar, letra de Quantum, “Fotos de Tokio”

“Dos más dos no es cuatro, aún hay esperanza,
todo es pura probabilidad.
Ya no hay ciencia que pueda
llamarse exacta, ni ley ni dogma que pueda encajar.
La tela del mundo es solo vacío,
Y energía en danza en su interior.
Teje sus latidos impredecibles de
espaldas a nuestra percepción.


Rollo May. “Existencia" 
¿Podemos estar seguros de que vemos al paciente tal como verdaderamente es o de que lo conocemos en su propia realidad o estamos simplemente proyectando sobre él nuestras propias teorías?


Carl Rogers 

“La naturaleza fundamental del hombre no es algo a lo que hay que temer, sino liberar, dejándola expresarse de modo responsable”.


Peter Brook. La puerta abierta

“...Un cuerpo sin entrenar es como un instrumento musical desafinado, donde la caja de resonancias está llena de una algarabía confusa y desagradable, de sonidos inútiles que impiden escuchar la auténtica melodía. Cuando el instrumento del actor, su cuerpo, se afina mediante ejercicios, las tensiones y costumbres desaparecen, entonces está preparado para abrirse a las posibilidades ilimitadas del vacío. Pero ha de pagar un precio: frente a ese vacío desconocido hay, naturalmente, miedo. Aunque tenga una larga experiencia como actor, cada vez que uno empieza de nuevo, cuando se encuentra al borde de la alfombra, reaparece ese miedo al vacío en el espacio. Enseguida trata de llenarlo para disipar el miedo, para tener algo que decir o hacer. Se necesita una autentica confianza para quedarse sentado inmóvil o guardar silencio. Una gran parte de nuestras manifestaciones excesivas e innecesarias son el resultado del terror a no seguir estando ahí si no demostramos de alguna manera que existimos todo el tiempo”



Franz Kafka
"No hay necesidad de salir de la habitación. Basta con sentarse a la mesa y escuchar. Ni siquiera es necesario escuchar, sólo esperar. Ni siquiera hay que esperar, sólo aprender a estar en silencio, quieto y solitario. El mundo se te ofrecerá libremente para ser descubierto. ..".



Krisnamurti


“Entre la gente impera un error fundamental, que supone la existencia de contestaciones, soluciones o concepciones precisas que bastaría enunciarlas para que se hiciera la luz, y se convierte en intima experiencia de cada uno. Toda respuesta univoca, clara apenas si pasa de la cabeza y solo raras veces llega hasta el corazón. Lo que nos hace falta no es saber la verdad, sino vivirla, experimentarla. El gran problema no es alcanzar una concepción intelectual, sino dar con el camino de la experiencia intima, acaso inefable e irracional. Nada más inútil que hablar acerca de lo que, tenía que ser ", y nada más importante que hallar el camino que conduce a estos fines lejanos. Porque la mayoría sabe "como tiene que ser", pero ¿quién nos (acompaña) en el camino para llegar?"


martes, 25 de noviembre de 2014

LAS 5 HERIDAS QUE IMPIDEN SER UNO MISMO Lise Bourbeau





LAS 5 HERIDAS QUE IMPIDEN SER UNO MISMO Lise Bourbeau



Quiero compartir unas enseñanzas que me han ayudado a comprenderme y a amarme. Me baso en las enseñanzas de Lise Bourbeau y su libro “Heal your wounds & find your true Self”. Descubrir mis heridas me ha permitido aceptarme más y eso ha marcado un antes y un después. De todo lo que vengo haciendo desde hace 10 años para mi crecimiento personal, lo que aquí comparto ha sido y es muy eficaz y transformador.
Nuestra alma elige los padres y las circunstancias de nacimiento por razones muy precisas. Venimos a experimentar una serie de vivencias para sanar una serie de heridas, y así integrar la personalidad con el alma. Venimos a aprender a aceptar y amar incondicionalmente partes de nosotros que hasta ahora han vivido ignoradas y con miedo. Somos atraídos hacia padres con heridas como las nuestras para recordarnos qué hemos venido a amar. Aprender a aceptar nuestras heridas es aprender a ser responsables y a amarnos incondicionalmente, y esa es la llave para la transformación y la sanación del alma.
¿Te has dado cuenta que cuando acusas a alguien de algo, esa persona te acusa a ti de lo mismo? Chécalo con la otra persona, y aparte de sorprenderte, verás cómo te liberas de juicios.
No aceptar nuestra herida, sentirnos culpables, con vergüenza o juzgarnos, es atraer circunstancias y personas que nos harán sentir esa herida no aceptada. Aceptar la herida no significa que sea nuestra preferencia tenerla; significa que, como seres espirituales que elegimos vivir la experiencia humana para espiritualizar la materia, nos permitimos experimentar esa herida sin juzgarnos y aprender de la experiencia. Mientras haya miedo, hay herida y hay un juicio o creencia que bloquea su sanación. Cuando aprendemos a aceptar nuestras heridas estamos desarrollando el amor y estamos espiritualizando la materia.



La sanación se produce totalmente cuando nos aceptamos a nosotros. El perdón hacia uno mismo es lo que finalmente nos sana, y para eso hay que aceptar que uno mismo es responsable de todo lo que le ocurre, y aceptar que ha acusado a otros de hacer lo que uno mismo hace a los demás. En el fondo, todos somos humanos, y aceptar nuestras limitaciones es lo que nos hace humildes y nos permite descubrir nuestra herencia divina.
Las cinco heridas del alma más comunes son:
- El rechazo
- El abandono
- La humillación
- La traición
- La injusticia
No necesariamente tenemos las cinco heridas. Con humildad y sinceridad cada cual puede reconocer sus heridas. Reconocer nuestra limitación humana es el primer paso en el proceso de sanación. Si nos cuesta identificar nuestras heridas es porque nos ocultamos tras una máscara, que se construyó para no ver ni sentir esa herida. Las máscaras de cada herida son las siguientes:
Sugiero que leas cada una de las heridas y anotes las que más identificas en ti. Chécalo con alguien que te conoce, para estar seguro de que no te has olvidado de alguna. Luego, con humildad, realiza el ejercicio de sanación recomendado.


El rechazo y la máscara de retirada

Rechazar alguien es repelerlo, echarlo. La persona que nos rechaza nos dice “no te quiero a mi lado”. La persona que nos abandona dice “no puedo tenerte conmigo”, y nos deja para ir en busca de algo o de alguien. Hay que tener clara la diferencia entre rechazo y abandono.
La herida del rechazo es muy profunda, pues hace sentir a uno que su “derecho a existir” está siendo rechazado. Un ejemplo claro son los bebés que no son bienvenidos al tenerse por accidente. La herida se activa sobretodo en la relación con el padre del mismo sexo. Es del todo humano pues, que no aceptes o odies al padre que tiene el mismo sexo que tu. No significa que tu padre te rechazara. Significa que tu interpretaste una o varias experiencias como si fueran un rechazo de tu persona. Otra persona lo podría haber vivido como una humillación.
Piensa que cuando un padre no se acepta sí mismo/a (se rechaza) y tiene un hijo del mismo sexo, es normal y humano que inconscientemente rechace a ese hijo, pues constantemente le recuerda su propio auto-rechazo.
Si sufres de la herida del rechazo, la no aceptación del padre del mismo sexo explica las dificultades que tienes en aceptarte y amarte a ti mismo/a.

El padre del mismo sexo nos enseña a amar, a dar amor. El padre del sexo contrario nos enseña a ser amados, a recibir amor.
La persona con esta herida tiene ganas de desaparecer. No quiere ocupar su espacio en la vida por miedo a ser rechazado. La máscara tras la cual se esconde esta herida se llama “retraimiento”, “retirada” o withdrawal en inglés. Sus cuerpos casi no tienen carne en los huesos, indicando que quieren desaparecer. Son personas que se cuestionan su derecho a existir, y parecen que no están totalmente encarnadas o enraizadas en sus cuerpos.
Los niños que construyen la máscara de retirada para no sentir el rechazo, son niños que viven en un mundo imaginario, son niños calmados que no hacen demasiado ruido y pasan desapercibidos. Sus cuerpos parecen frágiles, y eso hace que la madre sobreproteja al niño. Los niños sobreprotegidos se sienten sofocados por la madre; se sienten rechazados por no ser aceptados con sus limitaciones, tal y como son.
La persona que sufre el rechazo vive separada del mundo material, incluso de su instinto sexual. Suele atraer parejas que le rechaza sexualmente, o simplemente decide cortar su sexualidad por considerarlo “poco espiritual”.
Los retraídos creen que no tienen ningún valor. Por eso intentarán ser perfectos, para merecer ese valor que sienten que les falta. Un hombre que diga “a los ojos de mi padre no soy nadie, y no hago nada bien” intentará ser perfecto (con todo el sufrimiento que conlleva tal exigencia) para ganarse algo de auto-valoración. Para ellos, ser juzgados por lo que hacen es igual a ser rechazados. Quieren hacerlo todo tan perfecto que les toma más tiempo de lo normal.
Los retraídos no sabrían qué hacer si reciben demasiada atención. Es como si su existencia fuera demasiada para ellos mismos. Por eso prefieren estar solos. Al aislarse lo que hacen es sentirse más y más marginados o rechazados.
Los retraídos se angustian cuando piensan que han podido rechazar algo o alguien (especialmente del sexo opuesto). Si tienes miedo a rechazar alguien, probablemente terminarás haciéndolo. Cuanto más miedo tenemos, más probabilidades hay que ese algo se materialice.
Los retraídos se comparan con otros, y siempre se encuentran con menos valía que los demás. Les cuesta creer que alguien se pueda fijar en ellos e incluso enamorarse de ellos. Normalmente sabotean sus éxitos, pues no se sienten merecedores. Si sienten que acaparan demasiado espacio o atención, se bloquean pensando que están molestando a los demás, y temen ser rechazados. La parálisis ocurre sobretodo con gente del mismo sexo.
Si alguien les interrumpe cuando hablan, pensarán que es porque “no son suficientemente importantes”, y dejarán de hablar. Si interrumpes a alguien que no sufre de la herida del rechazo, pensará que “lo que dice no es importante”, pero él sigue siendo igual de importante que antes. Los retraídos tienen miedo a dar su opinión si no se les pregunta, por miedo a confrontar a los demás, y exponerse a un rechazo. Tienen miedo a molestar a los demás. Se ocultan tras la máscara de la “vergüenza” y les impide mostrarse y ocupar su lugar.
Sus ojos esconden miedo. Pueden tener problemas de memoria debido a ese miedo tan profundo. Para retirarse más acuden a veces a las drogas y al alcohol. No se permiten ser niños, se fuerzan a madurar rápido pensando que así serán menos vulnerables al rechazo. Por eso parte de su cuerpo parece a la de un niño. Como tienen dificultad para reconocerse como “alguien”, a menudo tratan de llegar a ser como otra persona.
Si no se dan permiso para odiar al padre del mismo sexo, su rechazo no aceptado puede conducirles al cáncer, una enfermedad asociada con el resentimiento que se sufre en aislamiento.
Si reconoces que sufres de la herida del rechazo, es muy probable que el padre de igual sexo que tu también la sufra, y no sólo se haya sentido rechazado por su padre del mismo sexo, sino que se sienta rechazado por ti.
Acusamos a otros por todo lo que hacemos nosotros pero no queremos ver. Por eso atraemos personas que nos muestran qué hacemos a los demás o a nosotros mismos.

Una vez la herida está sanada, detrás de esa máscara de retraimiento se encuentran personas:
- Con muchos recursos, dotados para lo creativo y la imaginación.
- Capaces de trabajar solos.
- Eficientes y con capacidad para tratar el mínimo detalle.
- Capaces de actuar en casos de emergencia.
- Pueden ser felices solos.

 El abandono y la máscara de dependencia

La herida del abandono se siente más al nivel del “hacer y tener” que en el nivel del “ser” (como es el caso de la herida del rechazo).
Situaciones que pueden despertar la herida del abandono son:
- La madre debe ocuparse de su recién nacido bebé. El otro hijo puede sentirse abandonado.
- Si los padres trabajan todo el día y no tienen tiempo para los niños, pueden sentirse abandonados.
- Si el niño tiene que estar en cama en el hospital sin entender qué le ocurre, puede sentirse abandonado.
- Si el niño debe quedarse en casa de su tía durante unas cortas vacaciones, puede sentirse abandonado.
Normalmente la herida del abandono se reaviva con el padre de sexo opuesto. Normalmente quien sufre de abandono también sufre de rechazo (con el padre del mismo sexo). Mientras sigamos estando resentidos con alguno de nuestros padres, tendremos dificultades con las personas del mismo sexo que nuestro padre a quien no hemos perdonado. Para perdonar, no hay nada mejor que comprender que él/ella son también víctimas de sus padres, y que les acusamos de algo que nosotros mismos hacemos a ellos.
Quien sufre de abandono siente que no tiene suficiente alimento afectivo. Para no sentir esa carencia afectiva, se construyen la máscara de la dependencia.
Los dependientes piensan que nunca serán capaces de valerse por sí mismos, y que necesitan a alguien a quien apoyarse. Algunas partes de su cuerpo se muestran flácidas o sin tono muscular, como si no pudieran aguantarse solas. Los dependientes tienden a adoptar el papel de víctima. Atraen problemas para atraer la atención de los demás. Pero la atención de los demás nunca es suficiente para ellos. Sueñan en destacar o tener papeles “estrella” ante grandes audiencias. Su necesidad de atención es insaciable, por eso cuando comen no ganan peso, pues hay en ellos una creencia profunda que dice que “nada es suficiente”.
A los que adoptan el papel de víctima les suele gustar adoptar el papel de salvador. Jugarán el papel de “padre o madre” con sus hermanos o tratarán de salvar alguien a quien aman y que está en dificultades. Hacen para los demás para sentirse importantes, y esperan afecto a cambio. Asumen responsabilidades que no les corresponden, y sufren por los demás, dependiendo su felicidad de la felicidad del otro. Su gran abertura del plexo solar  (empatía) no es sana para ellos ni para los demás.
Creen que si logran hacerlo todo bien solos, nadie se ocupará de ellos en el futuro, y para tratar de evitar ese posible aislamiento, buscan alguien con quien sentirse apoyados para realizar sus proyectos.
Los dependientes tienen muchos altos y bajos. Su gran miedo a estar solo es lo que genera esas subidas y bajadas de humor. Pueden aguantar lo inaguantable con una pareja para no sentirse solos. Viven en la esperanza emocional de que en el futuro las cosas pueden cambiar. Tiene problemas con la palabra “dejar”. Si alguien les dice “te tengo que dejar, tengo que irme”, se sentirán heridos. Tienen dificultades en dejar una situación, persona o lugar.
La emoción más intensa que siente un dependiente es la tristeza. Buscan la compañía de los demás para no sentir esa tristeza. Pueden usar el sexo para sentirse próximas a la otra persona.
Tienen miedo de todas las formas de autoridad, pues piensan que alguien autoritario es frio y no va a cuidarse de ellos. Por eso los dependientes son cálidos con los otros.
Temen recibir demasiada atención de los demás, por miedo a sentir emociones demasiado profundas de abandono. Tan pronto la relación se vuelve intensa, buscan una manera de hacer que acabe. Necesitan atención de su pareja, pero no dan al otro lo que le piden. Si el dependiente quiere tomarse un rato para leer a solas, todo está bien. Pero si es la pareja quien decide tomarse un rato para leer a solas, se lo toman como si no fueran importantes para ser tomados en cuenta.
Pueden acusar a Dios de abandonarles en la vida. No se dan cuenta con qué frecuencia ellos mismos decepcionan a los demás, o con qué facilidad abandonan proyectos sin acabar.
Cuando se dan cuenta del problema que trae su dependencia, en lugar de aceptarla, intentan ser independientes. Muchos que tienen la herida del abandono no quieren ver su dependencia, y se creen los más independientes. La autonomía es sana, no la independencia.

La humillación y la máscara del masoca




La herida de la humillación se despierta en el niño cuando este siente que alguno de sus padres (indistinto el sexo) se siente avergonzado de él, o tiene miedo que se pueda sentir avergonzado porque se ha ensuciado, porque no guarda las formas sociales, o porque va mal vestido, etc. El niño se siente degradado, comparado, mortificado o avergonzado a nivel físico de “hacer” o “tener”. Uno puede sentirse culpable sin sentirse avergonzado, pero quien se siente avergonzado también se siente culpable.
Sentimos culpa cuando juzgamos que la cosa que hicimos (o no hicimos) está mal hecha. Sentimos vergüenza cuando consideramos que nosotros somos malos por hacer o no hacer algo.
Normalmente la herida se activa con la madre, pero puede activarse con el padre si este era quien “controlaba” al niño y hacía el papel de madre, enseñándole como comer correctamente, cómo estar limpio, etc.
La humillación se despierta por ejemplo, cuando el niño escucha a su madre contando a su padre lo que ha hecho el niño. O cuando la madre descubre al niño tocándose los genitales y le grita: “no te da vergüenza?”. O cuando el niño ve a su padre desnudo y este rápidamente se tapa, el niño aprenderá a tener vergüenza de su propio cuerpo.
El niño se siente humillado si siente que sus padres controlan sus movimientos, dejándole poca libertad.  Para no sentir la herida, el niño desarrolla la máscara masoquista. Con esa protección, el niño aprenderá a castigarse a sí mismo (humillarse) antes de que lo hagan otros. El cuerpo de una persona con la herida de la humillación suele ser de formas redondas y llenas.
El masoquista quiere demostrarse a sí mismo que es alguien sólido y que controla su vida (y la de los demás). A menudo lo encontramos ocupándose de los problemas de los demás, y olvidándose de sí mismos. Cuanto más responsabilidades de otros asumen, más peso coge su cuerpo. El masoquista piensa que ayudando a los demás evitará que se sientan avergonzados de él, pero a menudo se acaba sintiendo humillado y como si los demás se aprovecharan de su buena voluntad. A menudo son mediadores entre dos personas.
Los masoquistas no se dan cuenta que haciendo todo por los demás, acaban humillando a los demás, pues les hacen sentir que solos no podrían hacerlo. Deben aprender a no tomar tanto espacio en la vida de las personas a quienes aman. Deben aprender a dejar los demás tomar decisiones por sí mismos.
Los masoquistas generalmente no están en contacto con sus sentimientos pues tienen miedo de que los demás o sus madres se molesten o se avergüencen de ellos. En el fondo les gusta la ropa bonita y el lujo, pero como creen que tienen que sufrir, no se permiten esos regalos.
Son híper-sensibles, y la mínima cosa les puede herir. Un comentario crítico ligero les puede hundir. Por eso hacen todo lo posible para no herir a los demás. Tan pronto alguien a quien aman se siente infeliz, el masoquista se siente responsable. Se culpan por todo, y asumen la culpa de los demás. Es su manera de ser “buenas personas”. No se da cuenta que estando tan empatizado con el humor del otro, se desconecta de sus propios sentimientos y necesidades. A menudo hacen cosas por los demás (como pintar la casa de otro) que no harían para sí mismos. La mujer que limpia la casa cuando vienen invitados, pero que no la limpia cuando está sola (pues no se siente lo suficiente importante).
El masoquista se siente unworthy, sin valor, no merecedor de ser amado o reconocido. Al creer que no tiene valor o importancia, cree que merece sufrir.
Los masoquistas a menudo se siente sin poder frente aquellos cercanos a quienes aman. Cuando son culpabilizados (algo que atraen inconscientemente), se quedan mudos, paralizados, sin saber cómo defenderse.
La libertad es muy importante para los masoquistas. Ser libre significa no tener que dar explicaciones a nadie, no ser controlado por nadie, hacer lo que quieras cuando quieras. Cuando eran jóvenes, a los masoquistas les faltó libertad con sus padres. Cuando consiguen sentirse libres viven al máximo la vida, sin límites. Eso les lleva a comportamientos extremos (hacen demasiado, ayudan demasiado, gastan demasiado, creen que tienen demasiado, etc). Cuando viven sin límites se sienten avergonzados porque se sienten humillados por la mirada y comentario de los demás. Por eso tienen terror a encontrarse a sí mismos sin límites: creen que harían cosas que avergonzarían a los demás. Además creen que si se ponen a sí mismos en primer lugar, no serían de ayuda para los demás.
Su mayor miedo es la libertad. Se sabotean de muchas formas:
- Un hombre que se siente libre de tener varias novias, se creará problemas para verlas y esconder las unas de las otras.
- Un hombre que se siente atrapado en casa por su mujer controladora, se buscará dos trabajos para estar siempre fuera de casa. Creerá que así es libre, pero se engaña.
Lo que un masoquista hace para liberarse en un área le aprisiona en otra.
Los masoquistas tienen dificultades para satisfacerse o gozar. Cuando sienten placer estando con alguien o haciendo algo, se critican y se castigan por creer que están aprovechándose del otro. Aprovecharse del otro es lo último que quieren ser acusados. Por eso tienen dificultades con la sexualidad, pues les despierta culpa. De jóvenes se controlaban (reprimían) para que sus madre no se sintiera avergonzada.
El sentido del deber es muy importante para ellos.
Pueden tener problemas de páncreas (diabetes e hipoglucemia), pues tienen dificultades para tratarse con dulzura. También pueden tener problemas de corazón pues no se aman a sí mismos lo suficiente, o no se sienten importantes como para sentir alegría. Normalmente, su forma de recompensarse es comiendo.
Para ser conscientes de la herida de la humillación, se sugiere que aprendas a reconocer las veces en que te sientes avergonzado de ti mismo/a o de otros, y las veces en que te humillas a ti mismo sintiéndote sin ningún valor, o te comparas o te criticas duramente. Date cuenta las veces que humillas al otro haciendo demasiado por el otro. Es importante que te des cuenta que tu madre o padre también sufren la misma herida. Aprende a tomarte tiempo para sentir tus necesidades antes de decir “sí”. Asume tu responsabilidad y liberarte de la carga y la culpa de los demás.
Una vez la herida está sanada, detrás de esa máscara masoquista se encuentran personas:
- Que conocen y respetan sus necesidades.
- Sensibles a las necesidades de los demás, y capaces de respetar la libertad del otro.
- Buenos conciliadores o mediadores.
- Joviales.
- Altruistas, generosos.
- Organizadores con talento.
- Sensuales, saben cómo gozar del amor.
- Con mucha dignidad; están orgullosos de ser quienes son.

La traición y la máscara del controlador



El alma que encarna para sanar esta herida nace con un padre (del sexo opuesto al suyo) con quien hay una fuerte atracción o lazo de amor, generando un fuerte complejo de Edipo que no se ha resuelto. Eso significa que la dependencia del padre de sexo opuesto es muy fuerte, y en sus relaciones futuras esperarán mucho de su pareja, esperando recibir lo que no recibieron de su padre/madre. En sus relaciones les costará comprometerse por miedo a ser decepcionadas (traicionadas).
De niño/a se sintió traicionada por el padre de sexo opuesto cada vez que ese padre no mantenía su palabra o promesa, o cada vez que no cumplía sus expectativas de “padre ideal”. El niño también se sentía traicionado cada vez que su padre del mismo sexo se sentía traicionado por el padre del sexo opuesto. Una niña podría sentirse traicionada por su padre si sentía que este le daba menos atención cuando nació otro hermanito.
Para no sentir la herida de traición, la personalidad construye la máscara del control. Quieren mostrar al mundo que son gente de confianza, responsables, con palabra, fuerte, importante.
La traición es tan inaceptable para ellos que son incapaces de reconocer que ellos mismos podrían ser capaces de traicionar a otros (o a sí mismos). Y eso es justamente lo que ocurre, aunque les costará mucho reconocerlo. Si por ejemplo ellos traicionan a alguien no cumpliendo su palabra, encontrarán todo tipo de excusas para justificarse, e incluso pueden mentir (algo inaceptable que hagan los demás). Son muy hábiles en decir a los demás lo que quieren oír, pero pocas veces piensan hacer lo que dicen.
Los controladores tienen fuertes personalidades, son líderes en potencia. Piensan que tienen la razón, intentarán convencerte, y probablemente lo conseguirán. Son de pensamiento y acción rápida, tienen talento pero les falta paciencia y tolerancia hacia los que son más lentos. Cuando las cosas no salen a su manera, pueden volverse agresivos con facilidad, que es una forma de mostrar su “fuerza” y su “control”. En realidad son las personas que tienen más altos y bajos emocionales, y no se dan cuenta que con su actitud volátil hacen que los que les rodean se sientan desorientados y traicionados.
Les gusta tenerlo todo bajo control. Llegan antes a los lugares, les gusta planear el futuro, son muy exigentes con los demás (pero no tanto consigo mismos), y encuentran difícil delegar y confiar en los demás. Cuando ven a alguien del sexo opuesto que no hace nada, le llaman “vago” y encuentran eso como una prueba para no poder “confiar” en esa persona. A los controladores les gusta que todo el mundo sepa lo mucho que ellos han hecho o están haciendo, para sentirse responsables y dignos de confianza.
Les cuesta mucho revelar sus intimidades, por miedo a que sea usado en su contra (desconfianza). Sin embargo, son los primeros en repetir a los demás los rumores de otros, y siempre tendrán “buenas razones” para hacerlo. Les gusta tener siempre la última palabra,  les gusta organizar la vida de los demás (es una forma de manipular o controlar al otro). Son personas sensibles pero no muestran su sensibilidad pues están ocupados en mostrar su “fuerza” y su “control”. Tienen que saber un poco de todo pues les cuesta mucho aceptar que pueden no saberlo todo. Si alguien les pregunta algo que no saben, antes que decir “no sé” probablemente se inventarán la respuesta pareciendo que controlan el tema.
Odian sentirse controlados. Tienen problemas con la autoridad, pues piensan que les quieren controlar. No se dan cuenta que normalmente ellos están dando órdenes a los demás y decidiendo por los demás. Les gusta saber qué ocurre en todo momento, y dan su opinión sin que se la pidan. Su reputación es muy importante para ellos. Cuando hablan no se revelarán completamente; sólo hablarán de cosas que realzan su reputación, su confianza y su responsabilidad.
Tienen miedo a admitir sus miedos y a hablar de sus debilidades. Tienen mucho miedo a mostrar su vulnerabilidad, por miedo a que alguien se aproveche de eso y pueda controlarle. No les gustan las sorpresas, pues pueden perder el control. No se dan cuenta con qué frecuencia cambian de pensamiento y toman decisiones de último segundo que sorprenden a los demás.
Son rápidos a llamar a los demás “hipócritas”, pues recelan con facilidad. No se dan cuenta que su actitud muchas veces es manipuladora y de hablar a las espaldas de los demás. Si alguien no confía en ellos - lo cual es normal hasta que no se sane la herida- se sienten traicionados.
El controlador tiene mucho miedo del compromiso. Son seductores (para controlar al otro) pero en el fondo tiene miedo que un fuerte compromiso pueda romperse, y sentirse traicionados. Pueden confiar más si no hay sexo involucrado. Sienten más confianza con los amigos que con la pareja, pues con la pareja el miedo a sentir su herida es mayor. El controlador experimenta más separaciones y roturas que cualquier otra persona. Creen que tener una pareja que esté “delante” o al mismo nivel que ellos sería perder el control y la fuerza. Prefieren apartar esa pareja de su vida para siempre por creer que no es digna de su confianza. Cuando empiezan a dejar de sentir la pasión/romance con la pareja, empiezan a sentirse decepcionadas, y encuentran maneras de hacer que su pareja les deje, y así no serán acusadas de traición.
La causa principal de sus problemas sexuales tiene que ver con el vínculo que crearon con el padre de sexo opuesto, a quien idealizaron tanto que ninguna pareja puede cumplir sus expectativas. Pueden incluso renunciar al gozo sexual, y siempre encuentran una buena forma de justificar su decisión.
Si tienes esta herida es importante que te des cuenta que tu padre de sexo opuesto con quien tu herida se activa, ha sufrido y sufre probablemente todavía la misma herida con su padre del sexo opuesto.
Normalmente quien tiene la traición como herida, tiene la herida del abandono. Por no querer aceptar su dependencia afectiva (con el padre de sexo opuesto) desarrollan la coraza y la máscara de control que les impida ver su herida de abandono.

La Injusticia y la máscara del rígido



Sufrimos de la herida de injusticia cuando sentimos que no somos apreciados por nuestro verdadero valor, cuando no nos sentimos respetados o cuando creemos que no recibimos lo que merecemos. También sufre esta herida quien cree que recibe más de lo que se merece.
La herida se activa con el padre del mismo sexo. Si sentíamos que ese padre no expresaba sus sentimientos con nosotros, sufrimos una relación “fría” y superficial con el/ella, lo cual nos limita a podernos expresar y ser nosotros mismos. Si el padre del mismo sexo era además autoritario, crítico y estricto, la herida es mayor. De pequeño quien tiene esa herida siente que es más apreciado por lo que hace que por lo que es.
La reacción de la persona que sufre la herida es disociarse de sus sentimientos, como forma de sentirse protegidos y no vulnerables. Para ese fin construyen la máscara de la rigidez. Físicamente van todo rectos, como si su cuerpo fuera “perfecto”. En el fondo son injustos a sí mismos, pues no se permiten expresar sus verdaderos sentimientos.
Los rígidos son gente muy sensible, pero esconden su sensibilidad, actuando como si nada les tocara sus sentimientos. A los ojos de los demás parecen fríos e insensibles, aunque ellos piensan que son los más sensibles y cariñosos del mundo. Temen la frialdad en los demás y en sí mismos. No pueden aceptar ser fríos pues significa no tener corazón, y eso equivale a ser injusto. Por eso para ellos es tan importante sentir que son “buenas personas” y “buenas en lo que hacen”. Ellos se consideran “perfectos” en primer lugar, y “cálidos” en segundo lugar”.
Los rígidos buscan la justicia por encima de todo. Son perfeccionistas y creen que hacer o decir las cosas a la perfección es justo. Hacen bien las cosas, y de forma rápida. Quieren hacerlo todo para evitar problemas, y si alguna vez tienen algún problema prefieren decir que “todo va bien” para no sentir el sufrimiento. Son muy optimistas. Parecen imperturbables.
Son muy dinámicos, aunque sus movimientos muestran poca flexibilidad, mostrando que están algo cerrados. No les gusta la autoridad, porque para ellos la autoridad siempre tiene “razón”. Para ellos, el merecer las cosas es muy importante. Difícilmente aceptan regalos “sin haberlos merecido” por su esfuerzo. Harán saber a los demás lo que han hecho o están haciendo para mostrarles que son merecedores de su reconocimiento.
Cuando piden explicaciones, los rígidos quieren que todos los detalles sean exactos. Pero cuando ellos tienen que explicar algo, suelen exagerar fácilmente. A menudo utilizan las palabras: siempre, nunca, mucho. No se dan cuenta que exagerar los datos no es ser justo. Cuando les preguntas cómo están, rápidamente te contestarán “muy bien!” para no tomarse el tiempo de sentir cómo están.
La religión tiene un impacto grande en los rígidos. Para ellos el concepto de “bien” y “mal”, “correcto” o “incorrecto” pesa mucho. Por eso tienen mucho miedo a cometer errores. Se exigen mucho a sí mismos, les gustaría tenerlo todo solucionado al instante, son muy impacientes y críticos consigo mismos. Casi nunca están satisfechos por lo que hacen, y eso les drena energía. Por eso sus cuerpos suelen ser delgados. Se comparan  con los que consideran que son “más perfectos”, y eso es algo injusto que se hagan a sí mismos. Es una forma de rechazar su ser. Normalmente de pequeños se sintieron comparados con sus hermanos/as.
Suelen tener problemas de visión, porque es muy difícil para ellos ver que han tomado decisiones poco acertadas o que tienen una percepción mala de una situación. Prefieren no ver nada que sea “imperfecto”, pues así no sufren. Prefieren utilizar la expresión: “no lo veo del todo claro”.
Se sienten culpables si no están haciendo nada mientras otro está trabajando. Lo viven como una injusticia. Para el rígido es difícil conocer y respetar sus propios límites. Se imponen obligaciones aunque no sean coherentes con sus necesidades. Si se permitieran sentir más se harían un favor.
Encuentran injusto tener más privilegios que los demás. Por eso, muchos se sabotean a recibir, otros se centran en aquello que quejarse (y así olvidar sus privilegios) y otros creen que tienen que dar a los demás para ser justos.
Pueden intervenir en una situación si ven que no es justa. Les gusta que todo esté en su sitio, ordenado. Su sistema nervioso está sobreexcitado porque se exigen la perfección, aunque a los demás les parezca gente tranquila (debido a su auto-control).La emoción más común es el enfado, sobre todo hacia ellos mismos, por no alcanzar sus ideales de perfeccionismo. Deben vigilar su hígado si reprimen mucho el enfado. Normalmente quieren dar una “segunda oportunidad” a las personas porque creen que es justo. Si son muy rígidos, no verán su propio enfado y suavizarán la situación excusando a la otra persona.
Los rígidos tienen dificultades en dejarse ir y sentir placer sexual. Les cuesta expresar su ternura. Son sin embargo, los de apariencia más sexy. Cuando se encuentran en una situación emotiva (cumpleaños por ejemplo), tienen  dificultad en controlarse.
Si reconoces esta herida en ti, puedes sanarla empezando por reconocer cuando eres injusto con los demás y contigo mismo. Si sientes vergüenza, es señal que no somos justos con nosotros (ni con los demás). El niño/a que se siente rechazado, quiere llegar a ser perfecto, pues tal y como es ahora, no es digno de existir. Cuando pasan los años y el niño siente que su padre del mismo sexo le ama más, lo consideran injusto. Deciden entonces auto-controlarse, exigirse más para así no ser rechazados. Así crean la máscara de rigidez. Se apartan de sus sentimientos para no sentir el dolor del rechazo.
Una vez la herida está sanada, detrás de esa máscara de retraimiento se encuentran personas:
- Dotados para lo creativo, muy dinámicos y entusiastas.
- Capaces de simplificar, explicar claramente y enseñar.
- Sensibles y conocedores de lo que los otros sienten.
- Saben encontrar la persona adecuada para hacer trabajos específicos.
- Pueden manejar situaciones difíciles.



Sanación de las heridas del alma


Una vez eres consciente de una herida, ya has empezado a curarla. Siente esa herida y siente compasión, aceptación hacia ti. Siente. Acéptate así, tal como eres en el nivel físico-emocional-mental. Acéptate profundamente. Acepta al niño/a herida. Luego, entrégate a lo Divino dentro de ti, para que desde allí fluya la Luz y el Amor que realizarán la cura total. Mantén tu consciencia enfocada en lo profundo de ti, y con Fe y sin expectativas, entrega todo tu Ser (incluidas tus heridas) a la Voluntad y Amor Divinos que moran en tu corazón.
La cura viene de los niveles de consciencia que están más allá de todo mal, más allá por lo tanto del plano físico, emocional o mental. Si conectamos internamente con la realidad en un nivel donde no hay herida, la vibración de aquel nivel fluye hacia nosotros y nos sana.
La cura se produce cuando uno acepta lo que es en el plano físico, emocional y mental, y sin juzgarlo se entrega totalmente libre de expectativas a lo Superior que mora en interior del corazón, para que desde allí las energías se conduzcan según la Voluntad Superior. Puedes aceptarte porque intuyes que eres mucho más que esas heridas. En otros niveles de tu Ser, eres Luz, Belleza, Amor y Fuerza infinitas. Hay que rendirse a lo Superior dentro de uno mismo y aceptar cualquier resultado. Esa entrega, el silencio y esa fe producen la cura, pero debe realizarse con sinceridad.
Pide desde la humildad de tu corazón “ser Aquello para lo cual fuiste creado”. Pide estar dispuesto a soltar lo que no te sirva, a modificar patrones de pensamiento y de conducta. Pide servir a la Voluntad Suprema, que es Omnisciente, Omnipotente y Omnipresente. Acércate a esa Consciencia Suprema con humildad y entrégate a ella. Entrégate y observa qué es lo que el yo Superior te pide que hagas o dejes de hacer.
La cura viene de lo profundo de nuestro Ser, donde existen la perfección y la salud; viene de nuestro propio inconsciente. Agradece ser conducido por lo Superior en ti y confía en Ello. Puedes contemplar y sintonizar con el arquetipo de un triángulo con el vértice hacia arriba. Puedes visualizar las partes de tu Ser mental-emocional-energético que se sienten heridas, y bañarlas con aceptación, perdón y amor. Puedes confiar que Eres obra de Dios y que estás ocupándote con amor de ti mismo. Puedes decirle a tu cuerpo que es el Templo de lo más Puro, y decirle que se tranquilice por el proceso de Purificación que está atravesando para liberarse viejas cargas que ya no sirven. Puedes encender cada mañana la llama de tu corazón, con devoción a la Vida por darte la oportunidad de existir. Puedes volverte un poco más amoroso y abrir tu corazón poco a poco.
Puedes hacer muchas cosas. Hagas lo que hagas, hazlo con Amor y Fe. Entrégate a lo Superior, es Allí donde empieza la cura, y desde allí las energías se conducen de forma inteligente.

Muy constructivo hacer el "auto-análisis"; ser muy honestos al detectar cuáles son nuestras heridas para poder sanarlas...
El primer paso para la sanación es la ACEPTACIÓN.

GRACIAS!

www.consuelodelahidalga.com